Darwin le da memoria de costos a su empresa.
La lógica con la que su empresa presupuesta cada trabajo (los rendimientos, las cuadrillas, los desperdicios, los supuestos) se guarda una vez, como módulos que se reutilizan. Los precios viven aparte y se mantienen al día sin tocar esa lógica. Cada presupuesto se revisa y se aprueba formalmente, y el presupuesto aprobado se vuelve la línea base contra la que se controla el costo real de la obra.
Cada obra le enseña a la siguiente. Por eso se llama Darwin.